No se trata -jamás- de decirle al lector lo que tiene que hacer. Ni de lanzar al aire grandilocuentes lecciones de vida. Ni de deslumbrar con la lógica más absoluta y las conclusiones más asombrosas. Ni de regalar con actitud categórica innumerables consejos cargados de sabiduría. Ni de sentenciar con tono experto qué es lo correcto y qué no lo es. Ni de juzgar gratuitamente y diferenciar lo que está bien de lo que está mal.
Ni siquiera es el objetivo ayudar, por noble que esto pudiera sonar. Ni tampoco proporcionar una dirección, un camino, un sentido, o al menos unas pautas para enfocar esta vida que todos compartimos, tan sólo una pista que nos guíe y nos ayude a encontrar las tan preciadas respuestas a las preguntas con las que cada uno vive cada día y duerme por las noches.
No. No hay tales lecciones, ni tales conclusiones, ni tales consejos. Ni sabiduría, ni experiencia, ni juicio, ni dirección, ni enfoque, ni pistas. Ni por supuesto tales respuestas. Estamos perdidos y como cualquiera -si no más que nadie-, yo también lo estoy.
Sólo hay preguntas. Sé que tan pronto opino, experimento, tan pronto me adentro en lo desconocido y creo haber vencido el miedo, regreso de nuevo a la pregunta original, o quizás a una anterior. Y vuelvo a empezar. Así que, si he tenido la sensación de avanzar habrá sido -como mucho- hacia atrás, hacia la raíz. "Sólo-hay-preguntas -creo yo-, nada más".
Sólo cavilo en voz alta mientras camino. Sólo comparto mi búsqueda con quien quiera, como yo, abrir cada vez más y más los ojos y los oídos.
Con suerte, el día traerá más preguntas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario