miércoles, 19 de junio de 2013

¡¡¡CHUTE DE MOTIVACIÓN!!!

Miércoles. Estoy en casa sin hacer nada. "Las 20:00 ya". Sigo sin móvil -lo he perdido porque soy un capullo-, así que no sé nada de nadie. "¿Y si me voy a hacer bloque un rato?"

Llamo al Ortiz y a la Mingo desde el fijo de casa. No me lo pillan, creo que están en el refu, arreglando el huerto que se merendaron los caballos... "Ufff no me apetece hacer ná........ además está que parece que va a llover ya mismo". Vuelvo a llamar........ nada. "Estoy pensando que podría ir a probar el Caracol, lo mismo matizo alguna cosilla como que igual me la llevo, con las placas nunca se sabe. Y si se pone a llover pues me vuelvo. Total, son 10 minutos". Las 20:15 ya... "¡Eah, me animo! Y voy a pillar la cámara y el trípode, así la dejo puesta porsiaca..."

Aparco en Cantoco, junto al río, y veo el coche del Güili: "Qué casualidad, estarán por aquí los bichos". Llego al Caracol y la casualidad es aun mayor: Bea y David con la colcho puesta en el mismo bloque. "¡¿Pero qué hacéis por aquí?! Os juro que venía justo a probar esta placa..." Aparecen Guille y el Arnes de por ahí atrás: "Pues íbamos a movernos... ¿Qué se puede hacer por aquí?" Terminamos analizando guía en mano todas las variantes del bloque de la Travel Power: "Yo estuve el lunes pasado dándole a la travesía y ni me meneaba...". El Arnes sufre uno de sus ataques repentinos de motivación infinita, y aunque la prueba con su particular estilo de "manos-de-alicate", parece algo intimidado por el grado: "¡¡¡¡Caaagüendios maaaaacho 7a estooo!?!? ¡Y yo tanto entrenar y entrenar y ni me meneo niño! Me "paece" a mí que le van a dar más por cu** al roco... A partir de hoy roca, ¡¡roca todos los días!!" Ya salió, ese gran propósito que todos nos hacemos periódicamente, y que le hemos oído al propio Arnes en más de una ocasión. Aunque nunca es tarde si la dicha es buena, eso siempre.

Total, que echamos un buen rato probando pasos aislados y uniendo secciones. El último cambio es llegarle al primer romo de la bandeja sacando mano derecha desde el cazo romo lateral que hay más abajo. Pilla más lejos que otras presas, pero al colgar más del romorl pos se hace mejor...

David me ayuda a matizar definitivamente el paso que no me salía el otro día: para juntar manos en la primera presa de la bandeja, tengo que apretar bien el pie izquierdo en la regletica pinchuda -algo que yo ya sabía-, y además meter una caña con el dere en el plano vertical de la entrada a la variante directa ("Buscando a Klem"). Marca la diferencia para los que no vamos bien en romos.

Se hace un poco tarde -¡ya era tarde cuando salí de casa!-, así que Guille, Bea y el Arnes marchan. David se queda con la idea de probar conmigo de nuevo el Caracol. En esto aparecen unos chavales que también quieren toquetear las catorce mil variantes de la Travel, así que compartimos colchos. Un par de pegues fallidos me dejan "tocao", y aunque sigo sintiéndome flojo, y pesado, sé que tengo el bloque a punto, así que suelto la de "voy a darle el último y nos movemos".

Ésta es la historia de uno de esos días en los que las cosas no ocurren como las esperabas. Salgo de casa tarde y desganado, con la completa impresión de que me va a llover. Llego a mi bloque y, donde me imaginé solo, me encuentro a unos amigos que me cambian los planes y con los que disfruto el triple la escalada y me lo paso diez veces mejor. No me siento fresco, y aun así me las apaño para hacer progresos en un bloque en el que hace unos días ni me meneaba: lo veo posible, pero posible del de "hoy, aquí, ¡¡en el siguiente pegue!!". A casi las 22:00 ya, me encuentro a mí mismo a unos 3 metros del suelo peleando la salida, y encadenando con el apoyo de David y de un grupete de chavales a los que acabo de conocer, y que portean con sus brazos hacia arriba mientras gritan eso de "¡Vamos Charly, venga que ya lo tienes...!"

Increíble, un subidón totalmente inesperado. La verdad es que ha sido una buena "indición" de motivación para mí. Claro que a la vez no entiendo nada, creí que estaba bastante flojo. Y lo cierto es que lo estoy, no lo digo por decir, flojo pero "flojo flojo" (telita, ya sabes que si lo dices dos veces... jejeje).

Nos movemos rápidamente al Caracol. Resulta que el pasado lunes había un tipo probándola y nos dijo que tenía truquele!!! Aunque incluso con esas sigue siendo bastante duro: las tres presas posibles de arriba son una mieeeeerda, y te quedas todo precario de pies en dos adherencias de esas que si eres buen pedricero no te parecen tan infernales como a nosotros... Aprovechamos para darle todos los pegues que podemos y así matizarla -si es que la cosa se puede matizar más-, hasta que David vuelve a patinar una vez más y pone la sensatez con una de sus perlas: "¡¡Vámonos niño que no me veo ni los pies!!"


Nos ha vuelto a pasar...

Creo que he dado con la pista de audio definitiva para los vídeos de asedio, una súper estúpida que me recuerda mogollón a la música de la cantina de Star Wars (toma, aquí van 10 horas, http://www.youtube.com/watch?v=FWO5Ai_a80M, y digo yo quién colgará estas cosas*#!?).

Ahí va un vídeo al que he titulado "Travel Pawa", con un poquito de asedio al final (y en el capítulo de hoy: "El caracol", 7a). Puedo prometer y prometo que, salvando el fundido a negro de los últimos 5 segundos del vídeo, la parte final en la que se nos va la luz es exactamente lo que salió de la tarjeta de la cámara. La pregunta es: ¿Tú crees que se nos hizo de noche?




Así que nada, muy contento y a la vez flipando. Supongo que, aunque suene horriblemente a topicazo, hay mucho de verdad en esto de que si sales a practicar tu deporte favorito sin preocupaciones y únicamente piensas en divertirte, todo parece fluir. ¡¡Y últimamente no hacemos otra cosa que divertirnos!! -a ver qué remedio, estamos como para apretar...-. A fin de cuentas de eso se trata ¿no?, de disfrutar todo lo que se pueda y, con práctica, aprender a escalar cada día un poquito mejor. Aunque supongo que a todos se nos olvida bastante a menudo... ¡¡¡Y rrrrreeediosss a mí más que a nadie!!!

También tengo la completa sensación, estos días, de que en efecto es muchísimo más importante salir a roca más a menudo que agobiarse con temas como la dieta, por ejemplo. No digo que alimentarse bien no sea importante, está claro que lo es. Me refiero a que, de todos los cambios significativos que podemos y solemos hacer, probablemente aumentar la frecuencia con la que salimos a roca sea el que más nos acercará a ese objetivo que estamos intentando conseguir. Claro que todo ayuda -entrenamiento, descanso, alimentación, técnica, condiciones...-, pero los cambios significativos suelen venir provocados fundamentalmente por los hábitos, y la roca sigue pareciéndome el más completo de todos ellos. ¡Digo yo eh!

En mi proceso personal de investigación de la filosofía PUF-PUF -en la cual nos centraremos con detenimiento más adelante-, estoy experimentando para "desrelacionar" variables y condicionantes que, de algún modo u otro, han quedado grabados en nuestro bagaje deportivo, personal e incluso diría emocional, para trabajar en la mayoría de los casos de manera destructiva y en contra de nosotros. Cosas como "hace bastante que no escalo, así que está claro que hoy ni me meneo"; o del tipo "esta semana no he entrenado, y además me he pasado con la comida, así que no encadeno"; y un largo etcétera. Lo malo es que -coincidiréis conmigo- todos estos pensamientos suelen ser negativos y terminar en algo así como "no encadeno". Y de primeras esto, por supuesto, no tiene porqué ser así.

Lógicamente, estas variables dependerán bastante del tipo de escalada que hagamos y del objetivo concreto que tengamos, entre otras muchas, muchísimas cosas. Ya veremos a dónde nos lleva el estudio...

Mañana he quedado con Miguel para ir a los sectores de arriba de Patones -¡ya están abiertos!-, así que a ver qué tal en vías. De momento voy a disfrutar de una buena cena para continuar con mi estudio, todo sea por la ciencia... Además, hay que cuidar bien de uno mismo y hacerse un regalo de vez en cuando y pensar: "Hoy me lo he ganado... igual que cualquier otro día del año".


Judías verdes, huevos fritos (de gallinas felices, of course), media barra de pan y una cervecita...
¡¡¡Así si!!!

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